Paul McCartney HOMBRE EN FUGA por Carlos José Faillace

“Los Beatles salvaron al mundo de la monotonía.”

George Harrison

Hay varias maneras de analizar el fenómeno de los Beatles en el tiempo. Ese trabajo complejo se puede hacer desde la perspectiva de un Beatlemaníaco es decir, un fanático a ultranza de ese cuarteto rockero inglés. Estos admiradores normalmente pertenecen a la misma generación de tales estupendos músicos, y los veneran universalmente como númenes celestiales, con una intransigencia dogmática que no admite raciocinio lógico.

El trabajo también se puede hacer desde la perspectiva de un Beatleliano, es decir, de un individuo amante de su música imperecedera, con el entusiasmo necesario pero, con la racionalidad debida y sin la religiosidad exacerbada de los extremistas. Confesamos sin rubor alguno pertenecer cultural y etariamente a este último grupo. Y al hacerlo, nos hermanamos con los innumerables melómanos Beatelianos de todas las edades y lugares, quienes de manera transversal en el tiempo aprecian con objetividad el prodigio histórico excepcional que representan esos chicos de Liverpool. Es desde esta óptica analítica que hemos escrito este texto.

Así las cosas, debemos empezar por el principio.

Los Beatles, casi desde su comienzo como banda de rock en los primeros años sesenta de la centuria pasada, se convirtieron en unos clásicos de la música popular en el mundo entero, debido a la calidad suprema de sus composiciones. Sin temor a equivocarnos, afirmamos aquí su condición de clásicos de la historia de la música en su universalidad atemporal.

La influencia cultural de los Beatles trascendió a lo puramente musical; a partir del mero comienzo del grupo en Liverpool (Reino Unido) en los albores de los años sesenta. Tanto así, que la historia global de la posguerra del siglo XX, se puede dividir en un antes de los Beatles (a. B.) y un después de los Beatles (d. B.).

Sin dudas, la importancia de ese conjunto de scausers (liverpulianos en el dialecto local) con toda seguridad excedió a lo meramente sonoro, y penetró como una revuelta fresca y pacífica, en una cultura mundial golpeada que comenzaba lentamente su proceso de globalización en el medio de la Guerra Fría.

La gran influencia positiva de esos cuatro muchachos británicos produjo muchos comentarios de importancia histórica en boca de personajes muy relevantes de la época. Es así como Bob Dylan (famosísimo cantautor estadounidense, ganador del Premio Pulitzer como poeta en 2008 y Premio Nobel de Literatura en 2016) declaró en 1964 lo siguiente:

«Iba conduciendo por Colorado, encendimos la radio y ocho de las diez primeras canciones eran de los Beatles… Estaban haciendo cosas que nadie más hacía. Sus acordes eran sorprendentes, ingeniosos, y sus armonías hacían que todo fuera válido… Sabía que ellos estaban marcando la dirección hacia la que la música tenía que ir.

Asimismo, el gran compositor y director Leonard Bernstein (EEUU, 1918-90) manifestó en 1967 que: “Los Beatles son la fuerza poética y melódica más genial que ha surgido en la música popular desde la época de Schubert.”

El cuarteto (también llamado Los Fabulosos Four) es decir: James Paul McCartney (1942), John Winston Lennon o John Ono Lennon (1940-1980), George Harrison (1943-2001) y Richard Starkey o Ringo Starr (1940). Fue oficialmente fundado en Hamburgo (Alemania) en agosto de 1960 y se separó en abril de 1970 en Londres.

Para ser justos con la verdad, tendremos que incluir como “el quinto Beatle” a George Martin (Reino Unido,1926-2016), su excelso productor y guía musical, quien supo traducir con fina maestría al lenguaje del pentagrama y la composición formal, los tarareos, silbidos y palabras de un círculo-cuadrado de genios musicales sin ningún entrenamiento académico previo, quienes crearon todas sus magníficas piezas sónicas con base en su oído e intuición polifónica excepcional.

Sin embargo, detrás del mito colectivo de Liverpool yacía una individualidad creativa cuya verdadera prueba de fuego vendría tras la disolución del grupo. Ese viaje de reconstrucción personal y artística es abordado en el documental Paul McCartney: Man on the run (2025) dirigido por el aclamado creador cinematográfico Morgan Neville (EEUU, 1967) ganador del Premio Oscar y el Grammy en 2014 con el documental Twenty feet from stardom (“A veinte pasos de la fama”) y de un Emmy en 2015 por su documental Best of enemies (“El mejor de los enemigos”). ¿Así mismo, su documental Won’t you be my neighbor? (“¿Querrás ser mi vecino?”) en 2018 se convirtió en el documentario biográfico más taquillero de todos los tiempos.

Paul McCartney: Man on the Run explora el capítulo más vulnerable y complejo de la larga vida del genial músico: la reconstrucción de su identidad personal tras el colapso de The Beatles y el nacimiento de Wings, entre 1970 y 1981; una década definitoria en el la maduración como individuo de Paul, y la compleja relación con su familia y los diferentes miembros de su nueva banda.

Empezaremos por explicar las bondades técnicas de este particular trabajo cinematográfico, al que definimos como relevante.

En este sentido, destacamos varios aspectos.

La restauración y digitalización de archivos caseros: el documental logra un trabajo excepcional en el rescate de películas caseras en super-8, 16mm, fotos y cintas de audio personales grabadas por Paul y Linda McCartney a principios de la década de 1970. El tratamiento cromático y la eliminación de grano dañino preservan la calidez de la época sin perder nitidez.

Curaduría y mezcla de sonido envolvente: la integración de las pistas de audio aisladas (stems) de las sesiones de ensayo de Wings y las mañanas de composición en la remota y desvencijada granja de Escocia, permite apreciar la acústica natural de esos entornos con un diseño de sonido envolvente balanceado y limpio.

Montaje rítmico multicapa: utiliza un engranaje de edición dinámico que logra sincronizar grabaciones históricas de voz en off entre John Lennon y Paul McCartney sobre material de archivo visual inédito, generando una conversación fantasma que da coherencia estructural al relato.

A pesar de estos claros logros técnicos, la cinta presenta algunos problemas técnicos al mismo tiempo.

La compresión excesiva del rango dinámico musical: en la remasterización de algunas pistas clásicas de Wings y un McCartney solista, se percibe una ecualización moderna orientada al estándar comercial actual, que aplana el rango dinámico original, restándole profundidad a los bajos y calidez analógica a la percusión de la época.

Inconsistencia en el material en vivo: La calidad de imagen entre los metrajes de estudio restaurados y las grabaciones de las primeras giras de Wings (como el tour universitario) resulta un tanto desequilibrada. Esta se nota en el escalado digital (upscaling) agresivo de ciertas tomas, generando algunos artificios visuales superfluos y una relativa pérdida de detalles en la pantalla grande.

Uso conservador de recursos de archivo: A nivel de lenguaje cinematográfico, la estructura de edición abusa del recurso tradicional de ‘cabeza parlante’ (talking head) entrelazado con metraje ilustrativo, desaprovechando oportunidades para innovar en la narrativa visual o el diseño gráfico de transición. Y esto se traduce en unos “saltos” visuales y auditivos que hacen que el documental no logre que todo el material de archivo se sienta uniforme. En lugar de ofrecer una experiencia fluida, el espectador nota constantemente los parches entre el material de alta calidad bien conservado y las grabaciones callejeras o de conciertos que se ven y suenan muy precarias, por desgracia.

En lo estrictamente narrativo, la pieza documental se define como un acceso básicamente íntimo e inédito a la personalidad multifacética de McCartney: ofreciendo un retrato sin filtros sobre el duelo emocional de Paul tras 1970, apoyado en archivos familiares y registros de audio personales mayormente desconocidos; y por tanto, muy preciados como información original pertinente al caso.

El film es también una reivindicación de Wings, como una banda rockera muy controvertida desde su comienzo. Dignifica la gestación de un grupo que la crítica especializada asi como buena parte del público Beatlemaníaco, Beatleliano y general, despreció inicialmente; mostrando con eficacia el riesgo real de empezar desde cero en salas universitarias y locales de segunda  categoría.

Igualmente, el documental resalta, con cariño especial, el papel central de la ya fallecida Linda Louise Eastman (Nueva York, 1941- Tucson, 1998,) ubicándola, de forma merecida, como Linda McCartney, y no como un elemento accesorio, sino como el pilar emocional y creativo fundamental para la supervivencia artística de Paul. La prueba más fehaciente de ello es que este creador insigne produjo, durante ese decenio, unas 85 canciones de altísima factura sobre la roca de ese inamovible apoyo amoroso.

Una de las facetas más emotivas del film se refiere al segmento específico relacionado con el inesperado y cruel asesinato de su mejor amigo, colega y contraparte John Lennon (1980) que tuvo efectos devastadores en la psique de un Paul ya maduro, pero extremadamente sensible, los que se aprecian en toda su oscura negatividad en la última parte del documental de marras.

Con la alevosa muerte de John, se terminó abruptamente la colaboración creativa musical más prolífica de la Historia; que nos entregó a todos 200 composiciones inmortales que han alegrado la vida a una cantidad incontable de personas en el mundo através de muchas épocas.

A pesar de sus muchos evidentes aciertos, la obra fílmica adolece asimismo de un pequeño número de fallas u omisiones, que no pueden ser obviadas en un análisis objetivo.

Una particular indulgencia narrativa: al contar con el respaldo del propio McCartney y su entorno, evita profundizar en sus rasgos personales de fuerte controlador, o en los roces creativos más agudos dentro de Wings, que llevaron a rupturas y alejamientos públicos notorios.

El documental está teñido de un cierto matiz de superficialidad: al pasar por alto los procesos de producción en estudio y las innovaciones musicales que definieron discos como Band on the Run (1973) del cual proviene el título de la cinta paradójicamente.

En la secuencia cinematográfica se percibe un ritmo un tanto apresurado: ya que se comprimen momentos claves de la década de los setenta, para priorizar el arco emotivo personal de Paul por encima de un análisis musical exhaustivo necesario.

Sin embargo, debemos preguntarnos:

¿Qué define a este documental como una creación relevante a pesar de todo?

Su valor radica en desmitificar al Macca infalible. Revela a un músico consagrado que experimentó pánico, depresión e incertidumbre, transformando esa crisis emocional en una de las etapas de mayor libertad creativa de una muy extensa carrera, que abarca un dilatado periodo de 69 años ininterrumpidos (1957-2026) incluyendo sus primeros años desde que conoció a John Lennon y ambos se unieron a la banda The Quarrymen.

Sir Paul McCartney, título nobiliario que le fuera concedido en 1997 por la reina Elizabeth II, por sus grandes contribuciones al acervo cultural británico, es considerado por los expertos y por sus propios pares como una de las personalidades musicales y culturales más importantes del siglo XX y XXI, junto a su amigo de la infancia John Lennon.

Baste con decir que es el compositor de unas 1.500 piezas en total. Esto lo convierte en uno de los compositores más prolíficos y exitosos de la historia. Entre esas composiciones se encuentra, por ejemplo, la canción que ostenta el récord Guinness de mayor numero de versiones registradas (2.300) Yesterday, una de las pieza más clásicas de la música popular moderna.

La grandeza como músico, así como su enorme influencia cultural e incluso económica, así como la impresionante prolificidad de Paul McCartney, no tienen discusión alguna. Y así lo testimonian con claridad las dos declaraciones siguientes:

«Siempre fue el músico más completo de los Beatles, un auténtico todoterreno capaz de tocar el piano, el bajo, la guitarra y, de paso, componer algunas de las melodías más memorables del siglo XX.» (George Martin).

“Admiro la forma en que Paul empezó desde cero con Wings. Podría haberse quedado sentado sobre sus laureles, pero decidió volver a salir a la carretera y construir una banda nueva.” (John Lennon).

La muy triste significación de estas palabras surge del momento específico en que estas fueron pronunciadas vía telefónica por John en el Edificio Dakota (NY) el mismo 8 de diciembre de 1980, pocas horas antes de su terrible fallecimiento.

Sirva esta pequeña crónica sobre el trabajo documental de Paul McCartney: hombre en fuga como un homenaje a una obra cinematográfica de relevancia y valía indiscutibles. Sirva también como un homenaje debido a los Fabulosos Beatles, al excelente Paul McCartney, a la fiel Linda McCartney y, en cierta medida, al grupo Wings.

Sirva también como una invitación sincera a disfrutar de este documental en Amazon Prime Video, ya que tristemente aún no se sabe si se podrá ver en las salas de cine en nuestro país.

Esta invitación incluye a todos los Beatlemaníacos, Beatlelianos y, a los amantes de la buena música de siempre y para siempre.

HOMBRE EN FUGA (Man on the run), Reino Unido y Estados Unidos, 2025. Documental. Dirección: Morgan Neville. Edición: Alan Lowe. Narración: Paul McCartney. Distribución: Amazon Prime Video.

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