Entre dos compadres VINO Y AMBROSIA por María Méndez Peña

Ubicado en la boca, el gusto es el más primitivo de los sentidos y desde el alba de los tiempos ha unido la alimentación y la sobre vivencia de la humanidad. En la lengua están las papilas gustativas que segregan la saliva y detectan los sabores, salado, ácido, dulce, amargo. Además, tienen otra función, ellas cambian según el sólido o el líquido que se está masticando o ingiriendo. Al cambiar los sabores, ellas se ajustan de inmediato.

Durante milenios, el comer y el beber han conformado el sentido del gusto mientras las experiencias cotidianas y los intercambios sociales lo siguen modelando placentera y profundamente. Ese refinamiento, estiman los especialistas se sustenta en instantes memorables y en prácticas singulares, aunque los ajustes entre paladar, vino y gusto, pueden todavía sorprender.

La vid cuyo nombre botánico es Vitis vinifera es una planta trepadora propia del clima mediterráneo cuyos frutos las uvas son aprovechadas en la producción del vino y bebidas alcohólicas. Los componentes de las uvas son azúcares, ácidos y alcoholes y además tienen otras sustancias en pequeñísimas cantidades en la piel que proporcionan al vino el sabor primario y único.

Empinando una bota de vino estaban dos escuderos, cuenta Miguel de Cervantes en El Quijote. Eran Sancho Panza y Tomé Cecial compadres y vecinos en el suelo natal. Este pasaje muestra un retrato de Sancho. Mayor gracia y humor desde un charlatán no cabe imaginar. Bebían vino de Ciudad Real y sobre los vinos, el majadero de Sancho mucho hablaba y presumía, afirmando que– “En dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y las vueltas que ha de dar”. Bebiendo vino conversaban y compartían una empanada de carne de media vara. San­cho Panza empina la bota, bebe vino, mira y mira estrellas en el cielo, alaba el vino y exclama: “Hideputa bellaco y cómo es católico”.

En Maracaibo, dos compadres celebraban con vino tinto comilonas en el patio trasero del hogar donde pasaban horas conversando ante una fogata que encendían. Era beber, comer y celebrar la profunda amistad que los unía. Trago tras trago enlazaban los tres éxtasis del tiempo, jugaban con las palabras y las magias del lenguaje. Las uvas son delicias mediterráneas y cada copa de vino es una ambrosia, decía el compadre vasco a mi padre. Vino y vida. ¡Brindemos compadre! Que el vino nos trae alegría y abundancia, exquisitez y buen gusto.

(1)

Árbol y fruto. El vino es alabado en los mitos. En Grecia el dios del vino era Dionisio y en Roma, Baco. Según textos antiguos había en el Edén un rio de cuatro brazos con leche, vino, miel y aceite y allí los ángeles servían vino a Adán.

El vino era la bebida favorita entre los hititas, antigua Mesopotamia, s. XVII antes de la Era. Unas tabletas de barro desenterradas en el siglo XIX por arqueólogos presentan trazos indicando tal antigüedad. En el Medio Oriente la vid era un símbolo de vitalidad y fecundidad y se obtenían distintos sabores al mezclarla con miel y especies. En Mesopotamia la viticultura era muy provechada y las cosechas se celebraban con fiestas y cultos.   Por siglos, enaltecer el árbol de la vid y su fruto la uva se convirtió en un solemne ritual a cargo de reyes y sacerdotes, fuesen ritos entre religiones politeístas o las monoteístas.

En la antigua Grecia el vino era ambrosia y se servía al finalizar los banquetes para aligerar los efectos que sobrevenían por el consumo de plantas, granos, semillas u hongos alucinógenos. También al vino se le atribuían poderes afrodisiacos y esto en honor a Venus puesto que el vino movilizaba la sangre y relajaba el cuerpo. Eran búsquedas de otras realidades siguiendo calendarios religiosos y estacionales mediante prácticas, ritos, trances, visiones místicas, facultades proféticas, poderes curativos y adivinatorios al consumir las tortas sagradas, trufas venenosas y frutos de la sabiduría. Si tales prácticas eran inducidas por sacerdotisas daban acceso al paraíso de secretos celestiales o infernales… y si se realizaban en templos y altares tutelares entonces formaban parte de los rituales y misterios iniciáticos.

Hoy día los científicos y especialistas identifican ese agente activo de origen vegetal como ácido lisérgico cuya potencia (estiman) despierta tránsitos reveladores del yo y la vida interior abriendo pasajes hacia otros niveles de conciencia y sensorialidad.

Cuentan Homero y Plutarco que entre los griegos el dios del vino era Dionisio y en Creta se representaba con un toro celebrando fiestas en su honor. Dioniso era el esposo de Ariadna princesa cretense hija de Minos, rey de una poderosa dinastía asentada en Cnosos y cuyos mitos narran los vínculos entre los dioses griegos y los reyes en las islas del mar Mediterráneo. Las danzas estaban a cargo de sacerdotisas en prolongados rituales con vino y drogas vegetales que inducían el éxtasis y al final, el ritual terminaba con sacrificios de sangre humana y animal. Las orgías y las danzas destacan como elementos primitivos en aquellas fiestas pues la religión micénica incluía creencias respecto a la vida como una semilla y en movimiento indestructible.

Desde las excavaciones del siglo XIX, la isla de Creta ha sido distinguida como la cuna de la civilización Minoica, la más antigua de toda Europa que alcanzó el máximo apogeo en el II milenio antes de la Era cristiana, de manera que la trasmisión de un dibujo laberinto desde Creta hacia Grecia y Roma y antes Egipto, ilustra detalles de un asunto particular: si bien el mito alcanza trascendencia mediante la repetición de los ritos, durante los trabajos arqueológicos del siglo XX los huesos hallados indican que los entierros también eran acompañaban con danzas. Mito y rito, muerte y danza.

El laberinto trazado sobre piedra era usado en Creta para guiar esos ritos y en tanto dibujo se propagó desde el Mediterráneo hacia Britania y Gales y más allá. Es la repetición de un trazado cretense trasmitido hasta el Medievo como símbolo cristiano y eclesiástico en las catedrales góticas. Si en periodos arcaicos, Dionisio simbolizaba el vino, hasta el siglo XXI el laberinto pervivía en las catedrales como símbolo de la Creta minoica.

El consumo del vino iba acompañado con ritos y como ambrosia concedía la inmortalidad y una fuerza sobre humana a quien la consumía. Era una tradición que unía vino-néctar-bebida en banquetes. También la ambrosia era un premio a gladiadores y un trofeo a vencedores en carreras pedestres y hazañas olímpicas hasta la época de la Republica romana e inicios de la era cristiana.

Vid y aceituna. En la alimentación de los humanos dos árboles resultaron primigenios, la vid para producir el vino y el olivo para el aceite. La vida se sustentaba con uvas y aceitunas a todo lo ancho del Mediterráneo y a lo largo de los pueblos costaneros de tres continentes Europa, Asia y África. Solo esas regiones tenían condiciones propicias y mejores para la siembra y el provecho de ambos frutos.

En las mitologías de los pueblos abundan narraciones relativas al árbol de oliva, si bien los griegos lo atribuyeron a la diosa Atenea en las tierras e islas del Peloponeso. Sobre la vid y la aceituna se conoce una singular lección de Tucídides que por siglos ha resultado proverbial en la historia universal, y dice así: “Los pueblos del Mediterráneo dejaron atrás la barbarie cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid”. A la par, otros poetas latinos dejaron útiles consejos a los viticultores.

Ciertamente en la alimentación de la Creta minoica, en Grecia y Roma y en los periodos de la España medieval prevalecía una dieta sustentada en el trigo para el pan, la vid para el vino y el olivo para el aceite. Al revisar los ciclos del tiempo respecto al cultivo del olivo se encuentran datos mostrando que los pueblos del Mediterráneo fueron administrados según los provechos de las aceitunas. Alimento, comercio y poder político, tres en uno. Se cuenta a con otros datos históricos. De un lado, las tabletas desenterradas muestran trazos respecto al cultivo de olivares y la producción de aceite de olivo; por otro lado, los restos arqueológicos muestran que en Grecia el cultivo del olivo data desde el siglo XX antes de la Era.

El olivo y la vid eran símbolos de sabiduría y modelos de alta producción con técnicas eficaces. En cuanto a la producción prevalece un conjunto de factores naturales que confluyen, el clima, suelo, luz, aguas, vientos, sol, estaciones y cobertura vegetal. Por el lado humano interviene la eficacia y el cuidado cotidiano con la uva y la aceituna, aunados a una sabiduría adquirida desde la experiencia por milenios.

Desde la antigüedad se contaba con tres grandes grupos de vides, asiáticas, americanas y europeas y éstas últimas ofrecían mayores cualidades para la producción de vinos. La España del siglo XVI transportaba en las galeras troncos de vid y olivo hasta América donde fueron plantados, pero fueron los monjes franciscanos quienes trajeron vides sujetas a estacas y quienes lograron enraizarlas en la costa de California, occidente de Norteamérica. El impresionante e incomparable auge del vino y el aceite en California se debe específicamente al clima costero mediterráneo.

Donde hay cultura y gusto en torno al vino y el aceite, brotan riquezas en todos los sentidos. Por siglos, esos árboles con uvas y aceitunas fueron sinónimos de buen gusto y placer por el lado culinario y de esmerada calidad en cuanto producción y comercio. Los factores que influyen en la siembra y crecida de las vides son la temperatura, la luminosidad solar, la humedad y los tipos y la calidad de suelos. La calidad y la cantidad de viñedos depende de la energía solar y si ésta es homogénea y se propaga en toda la vegetación.

El vino se obtiene de las uvas mediante la fermentación alcohólica del jugo o zumo y esa fermentación se produce por la acción de las levaduras al transformar los azucares del fruto en alcohol etílico. De manera que el vino es una bebida con elementos básicos en cuanto a sabor, aroma, constitución, color y conservación.

Además del consumo de la oliva en la alimentación y la gastronomía se agregan otros provechos del aceite, en la medicina, salud, iluminación con velas, terapias, perfumería y cuidado físico corporal.

Al estudiar los olivos y las vides se encuentran datos que muestran la trascendencia que ambos cultivos han tenido por doquier en el sustento y alimentación de la humanidad. En décadas recientes, desde las ciencias, los profesionales han ampliado esa valía cualitativa y cuantitativa, sea con pruebas desde los campos sembrados, sea con el microscopio en laboratorio o desde mesón culinario. Ambos frutos han prosperado en el mercado internacional y como modelos de investigación en laboratorios. De tres grupos de vides, las europeas ofrecen las mejores cualidades para producir vinos, uvas de mesa y uvas pasas para cocinar.

Siglos han pasado desde la prensa artesanal para las aceitunas y los molinos donde los campesinos trituraban con los pies las uvas llenando enormes vasijas luego transportadas a barcos para los mercados. Eran técnicas artesanales guiadas por la experiencia y el sentido común. Ahora bien, el avance mayor respecto al cultivo se alcanzó cuando los experimentos mostraron mediciones y precisiones sobre la incidencia, la fuerza y la rapidez de la luz solar sobre las viñas.

Este último asunto es el meollo para la comprensión de los temas y las tareas vitícolas. Siguiendo a los expertos: la temperatura es el factor climático más importante puesto que determina el crecimiento del árbol, entonces conviene cultivarlo en terrenos donde reciba la mayor cantidad de luz solar; en segundo lugar, los viñedos ubicados en campos húmedos tienen más probabilidades de frutos mejores.

El padrino vasco (I). Había salido en barco de Bilbao, llegó a Curazao, siguió a Maracaibo y meses más tarde arribó a Machiques cuando tenía 18 años. Venía solo y sin avíos. Tenía por caudal su juventud, mucho arrojo y la ropa que vestía.

Desde niño hasta la adolescencia vivió en el campo y trabajó con empeño entre los viñedos, aprendiendo de las condiciones propicias desde la siembra hasta los cuidados del crecimiento, desde la vendimia hasta obtener el mosto cada otoño.

A temprana edad escuché sus adivinanzas, trabalenguas y juegos de palabras que usaba para sorprenderme. Tenía desparpajo y naturalidad con frases picantes cuando conversaba con mi padre. Esos recuerdos regresan como caudal de agua fresca y sonrío al recuperar cabalmente su vida y verbo. Temprano percibí que el padrino vasco era un ser excepcional y el español que hablaba era distinto y a nadie antes había oído hablar con tal vivacidad. Era resabiado en refranes, moralejas y frases maliciosas y con mi padre se ensartaba en juegos verbales, un arte que me impresionaba cuando uno empezaba un refrán y el otro lo alargaba hasta reír a carcajadas; uno asomaba un proverbio y el otro alteraba el sentido hasta el absurdo.

También advertí que el padrino atentaba contra un mundo de prácticas religiosas en la familia y la excepción era precisamente mi padre. A él y al padrino, yo los espiaba escondida y en el patio de la casa solariega veía a dos señores que se aislaban para conversar largas horas. Mi padre cambiaba su rostro y su talante con sonrisas cuando el padrino nos visitaba. Cuando ellos almorzaban, el mantel me tapaba debajo la mesa donde me escondía, ambos reían y nada decían a mi madre.

Así empecé a escuchar nombres de lugares y geografías lejanas que luego repetía y oía palabras que quedaban resonando en mis oídos. Otras veces ellos se entretenían jugando con señas al celebrar sus encuentros. Hoy al escribir afloran los recuerdos. De mi padre conservo aquella imagen persistente cuando leía susurrando a media voz como si hablase a solas. Cuando le pregunté –me dijo – estaba recitando unos versos. ¿Y qué dicen? Un poeta esto escribió: “Si miras largo tiempo el cielo, aprendes a mirar dentro de ti.”

Conocí la vida del padrino gracias a las conversas entre ambos. Era un ser mundanal, nacido con el siglo entre viñedos allá en España. Un individuo y una época. Ciertos objetos avivan los recuerdos desde los sótanos de la memoria. Vivía con su familia en Machiques donde era productor ganadero e hizo gran fortuna. Cuando venía a Maracaibo llegaba cargado de regalos: traía pollitos recién salidos del cascarón en bolsas de papel; piezas de tela para confeccionar ropa; chocolates, galletas y dulces; bultos de granos y arroz; dinero en pacas de billetes; un diccionario; lápices, un tintero, cuadernos, cajas de creyones y libros para mi padre.

Libros de España para complacer al compadre. Los encargué tiempo atrás y hace un mes recién me llegó un diccionario para usted. Entre libros y almorzando con vino nos arrimamos hasta el cielo y sobre las cosechas podemos conversar hasta el amanecer.

El vino es buen vino, si se toma con un amigo. En mi tierra se dice que dos racimos de una vid semejan los senos de una mujer y la uva última es el pezón, la fruta prohibida, que no era la manzana, tal como repiten los obispos y curas. Trabajé durante años en las vides y el vino se logra por el esfuerzo y el sudor de los paisanos, bajo el sol, día a día, desde la siembra a la cosecha. Toda una vida aprendiendo. Al atardecer levantamos las copas celebrando el vino como ambrosia, copa tras copa hasta el amanecer.

Ellos juntos eran otros, cada uno por ratos era distinto de sí mismo al aislarse del resto de la familia, apartados de las esposas. Temprano me percaté que cuando se sentaban en el patio ante la fogata, mi madre por ningún motivo se acercaba y ese acuerdo tácito dio paso a mi curiosidad infantil bajo la protección de ambos, porque en aquellas visitas de noche tarde, yo como ellos, no dormía, permanecía vigilante y algo comenzaba a latir en mi pecho al oír sus palabras y la curiosidad me animaba.

El padrino vasco era un ser excepcional. Su lenguaje y anécdotas, sus aspavientos y gestos mantenían mis ojos abiertos. Sobre el vino mucho hablaba y todo lo conocía desde la siembra hasta la copa servida en la mesa. Retorna un gesto de mi padre quien riendo con el dedo índice me indicaba discreción cuando el padrino hablaba haciendo puñetas.

(2)

El profeta embriagado. El uso del vino es alabado en mitos, tradiciones y textos antiguos. Siguiendo el Antiguo Testamento había en el Edén un rio de cuatro brazos, uno de leche, otro de vino, otros dos de miel y aceite. Allí los ángeles servían vino y carne a Adán. Acerca del vino hay un personaje desagradable. Se trata de Noé, embriagado y castrado según narran los mitos hebreos. Otro mito hebreo cuenta que Noe recibió el libro de los secretos mágicos, trasmitidos hasta Salomón. Sin embargo, tales episodios fueron convenientemente suprimidos en la Biblia para la posteridad.

Cuenta un mito hebreo que Samael el ángel caído venia observando y siguiendo a Noé mientras sembraba vides y le hizo preguntas. Es un fruto dulce y se obtiene vino que alegra el corazón del hombre, dijo Noé. Posteriormente Samael, decidió a escondidas matar un cordero y lo enterró bajo una vid; luego mató un león, un cerdo y un mono e igual los enterró de modo que el viñedo recibió sangre de esos cuatro animales.

En consecuencia, antes de tomar vino un hombre es manso como un cordero; después de probarlo se jacta que es fuerte como el león; si bebe más y en ex­ceso parecerá un cerdo al ensuciar y orinar su túnica; y si sigue bebiendo más gesticulará como un mono, perderá el juicio y dirá muchas blasfemias. Tal cual le su­cedió a Noé.

Otro fragmento cuenta que Noé fue el primer hombre en plantar una viña, recogió uvas, hizo vino y se embriagó en exceso. Entregado al sueño en su tienda dejó al aire del desierto sus órganos sexuales. Su hijo Cam y el hijo de éste, Canaán así lo encontraron y observaron. Cuando Noé despierta se enfurece pues nota que ha sido castrado. Hay pasajes míticos semejantes, unos referidos a la castración de Urano en la teogonía griega y otro en el mito del dios Anu quien era copero en un altar sumerio. Incapacitado para hacer cosas feas en la oscuridad de la noche y rechazado para continuar en el oficio de co­pero ante el altar sacerdotal, Noé reacciona y profiere maldiciones contra los hijos de Canaán y esto dijo: “Nacerán feos, negros con piel oscura, labios abultados y miembros viriles vergonzosamente alargados”.

Los escribanos del Génesis al suprimir ese episodio procuraban vilipendiar las prácticas sexuales de los cananeos y realzar el pudor de los semitas. Al expurgar ese texto se justificaba la esclavitud de los cananeos por parte de los hebreos, un asunto aceptado por parte de la Iglesia Católica hasta la Edad Media.

El padrino vasco (II). El padrino al hablar, recordaba a España, se esmeraba y se lucía ante mi padre. Decía que América es un mundo pleno de verdor, ríos, luz, calor, olores, colores y que además esas percepciones al llegar lo cautivaron. Era un hombre surcado por las experiencias, había trajinado mucho mundo y andado con gente di­versa en las Españas. Desbordaba juventud y mantenía una energía y locuacidad ilimitada. El rasgo más llamativo era su hablar y vocabulario. Tenía una lengua bastante suelta y con gracia intercalaba entre burlas, chistes verdes, picardías, remedos. También gustaba de juegos irreverentes mezclando el sentido de las palabras. Los compadres alimentaban sus energías durante horas conversando. Eran encuentros cuyo propósito solo a ellos incumbía, salían de este mundo y andando por otros…

Conservo los recuerdos por la mutua cercanía y dado las distancias y contrastes con sus entornos. Cuando el pa­drino venía de Machiques llegaba manejando su camión cargado de regalos y traía billetes que tiraba como papelillos al aire. Al momento mi madre con recato los recogía y devolvía. Él reía a carcajadas− No, no comadre, eso es para las ahijadas, guárdelos para usted, que yo le doy a ellas otros más. Se acercaba y me zarandeaba con fuertes abrazos mientras metía billetes gordos, entre los bolsillos de mi uniforme escolar.

Los dos compadres almorzaban con vino a mantel pleno. Después se sentaban en mecedoras en el patio posterior de la casa solariega a conversar empezando con una jarra de oloroso café tinto, luego prendían una fogata que el vasco alimentaba del atardecer al amanecer mientras mi padre seguía con tacitas de café y el padrino se atra­gantaba con algún licor. No sabía cuál prefería, si el vino, el ron o el güisqui o los tres por periodos alternos. Convengo que mi padre algo agregaba al café para aguantar la noche de San Juan– Cuando comparten su pan, su mujer y su gabán, hombres de muchas raleas− cantaba embriagado el padrino.

Durante años conservé sus expresiones y admi­raba su elocuencia. Después con los recuerdos asentados llegué com­prender otros asuntos conexos a la tradición y la religión que eran temas frecuen­tes entre ambos. Por entonces gracias a las maestras en mi creció el gusto por la lectura, y seguía la rima de los sonetos y me asombraba ese sonido de versos acompasados como si fuese un total encantamiento. Creía que el poeta era un mago, que usaba magias enlazando las palabras.

He leído pasajes acerca de la amistad escritos por Miguel de Cervantes, páginas que perviven para bien de la Humanidad. La amistad no había alcanzado formas tan bellas hasta que Cervantes las recreó gracias a la relación de don Quijote y Sancho Panza. Esa amistad se mantiene como amorosa compañía y se puede seguir cuando recorren campos y pueblos. Uno para el otro era un interlocutor ejemplar y cambian cuando se escuchan mutuamente. La amistad entre el padrino vasco y mi padre también era ejemplar y maravillosa.

Otra ambrosia, la americana. En 1958, Robert Graves agregó 17 páginas a la re edición de su magna obra, Los mitos griegos. Anotamos pormenores acerca de los cuales Graves meditaba. Se trata de prácticas ancestrales y designaciones heredadas acerca del vino.

  • Los centauros adoraban a Dionisio cuyo banquete otoñal se llamaba ambrosía.
  • La ambrosía o néctar eran bebidas preparadas con semillas, hojas y hongos que producían alucinaciones innocuas y agradables.
  • Según los mitos griegos, la ambrosia estaba reservada a las reinas y reyes de la era pre clásica.
  • Tántalo rey de Frigia cometió delito al violar el tabú cuando invito a sus amigos plebeyos a compartir la ambrosía de los dioses; fue condenado al inframundo.
  • Los reinados sagrados de mujeres y hombres se extinguieron en Grecia y la ambrosia paso a ser parte de los secretos en los misterios órficos y eleusinos.
  • Los devotos participantes debían guardar silencio acerca de aquellas bebidas que tomaban y alcanzaban visiones inolvidables.
  • En Tlaloc, México en ritos y fiestas se usaba un hongo denominado el dios de los hongos que producía visiones acerca del cielo y el infierno.
  • Eran prácticas y ceremonias religiosas bajo la guía de sacerdotisas nativas.
  • Varios frailes que llegaron durante la conquista española dejaron testimonios y notas de algunos hongos que los nativos solían ingerir en los cultos religiosos y obtenían experiencias de tipo místico.
  • Robert Gordon Wasson botánico, desde 1927 estudiaba el uso de hongos entre diferentes culturas y en 1955 viajó a la sierra Mazateca en México para conocer los poderes y las visiones que los hongos ocasionaban entre los nativos.
  • Luego, entre los años 1940 y1980 se difunden estudios y publicaciones sobre las tradiciones de la cultura mazateca donde ciertos hongos eran ingeridos como bebida sagrada y alimento de los dioses. Era la ambrosia americana.
  • En México se detectaron designios semejantes a los venerados en los misterios órficos y eleusinos de Grecia y se revelaron propósitos afines con otros ritos y cultos ancestrales de América.
  • Con distancias de siglos en ambas regiones, en Grecia y México se exaltaba el origen divino del vino como ambrosia, el néctar de los dioses.
  • Atendiendo otra perspectiva histórica: el vino como bebida hierática aparece repetidamente mencionado en la mitología griega y en la Biblia; siglos luego en Europa una solemnidad semejante se cultivaba y continuaba en la literatura del Medioevo, en las bellas artes y en las pinturas del Renacimiento.

El padrino vasco (III). Los compadres a mediodía durante el almuerzo conversaban y alternaban diálogos. Beber y comer los unía y alentaba. El lenguaje del padrino vasco resultaba muy placentero a mi padre, quien silencioso lo escuchaba. En uno, prevalecía la experiencia y las anécdotas, en el otro, la lectura y la reflexión.

Decía el padrino, el vino acompaña a la gente desde la siembra al fruto, desde la vendimia hasta la botella en la mesa servida, y se obtiene triturando las uvas, antes se hacía con los pies, después mediante molinos caseros. Una vez estrujadas el zumo se guarda en vasijas para lograr su fermentación. De niño allá en el pueblo vasco con mis pies trituraba uvas y con mis manos las saboreaba hasta el hartazgo,

El azúcar y ácidos que posee la uva son suficientes para lograr la fermentación. Y le cuento compadre, le digo de las maravillas que consiguen los viticultores cada año, es magia natural que llaman, ambrosia. Son los primores que la tierra concede por nuestro trabajo. Los componentes del sabor se encuentran en el hollejo o piel de la uva y por eso el prensado es básico e imprescindible hasta lograr los sabores primarios del vino.

Le cuento, compadre que el azúcar natural en racimos se fermenta y cambia, cambia y se fermenta hasta convertirse en alcohol. El vino es alcohol natural de las barricas a las botellas. Divino vino ambrosia. Ya en la copa con su buqué y aromas, el vino nos deleita y afina el sentido del olfato, aunque también abre umbrales a un mundo complejo que muchos optamos por invocar lo sobrenatural, lo mágico. He oído a expertos catadores decir que son aromas con reminiscencias cercanas a leños y maderas humeantes, tabaco, nueces, almendras, chocolate, vainilla y miel. ¡Compadre, a su salud y larga vida!

Compadre le propongo un juego. Considerando las historias que hemos cruzado durante todos estos años sobre las vides, hoy le digo y apuesto, que no hay bebida con más halagos ni nombres más excelsos que los dedicados durante siglos, al vino. Vamos, usted dice uno y yo sigo con otro. Ambrosia – vino divino – baco vino – banquete otoñal – vino del Edén – néctar de dioses – bebida de centauros – alimento sagrado – in vino veritas – vino deidad – vino vida vid – bebida hierática – vino trofeo – vino premio – alimento de dioses – hongo divino – hongo maravilloso – hongo dios – dios de los hongos – vendimia fiesta – buqué aroma – vino regional – vino bar – vino internacional – agenda del vino – mercado del vino.

Otro día, mi padre esto dijo al compadre. Después de aquel juego que usted propuso y ganó, yo le ofrezco hoy la mesa servida con dos botellas de vino que traen antiguas historias para celebrar su visita.

Hubo un rey que regularmente verificaba la influencia de los astros sobre su carta astral en largas noches contemplando el cielo en el desierto asirio del Éufrates. Era Adriano, el emperador romano, quizás el hombre más erudito en su época. Evocando ese extraño periodo, Gustavo Flaubert habla de un tránsito histórico cuando los dioses ya no existían y Jesucristo aún no había aparecido. Fue un momento singular, único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, cuando el hombre estuvo solo…

Ciertos pasajes permanecen graba­dos como modelos e ideales para toda la humanidad y para la conciencia introspectiva libre de mirarse a sí misma. Escucharse a sí mismo, decía el Quijote de La Mancha. Seguir el coro de los ancianos en las tragedias, enseñaba Sófocles. Oír la voz del daimon, proponía el griego. Deslizarse hasta la profunda sima mental de Hamlet, repetía Shakespeare.

El desierto en los textos sagrados ha sido el contexto privilegiado en eventos ejemplares conexos a las religiones monoteístas que surgieron en el Medio Oriente. Atrae sobre manera la versión del relato de Jesús ayunando y orando en el desierto y las tres tentaciones que allí él padeció (Mateo 4, 2-11). Aludimos de la literatura clásica el relato del gran Inquisidor a su paso por Sevilla quien a Jesús encarcelado espeta estas palabras: “Yo también estuve en el desierto y me alimenté de saltamontes y raíces”. Es el paradigma de las instigaciones contra Jesús en el desierto alegadas por Satanás con alevosía. Es un pasaje relativo a la existencia humana, las acciones y consecuencias en el ámbito de la fe, a partir de experiencias enfrentando el mal y la maldad. Es el inquisidor del medioevo español en la inmarcesible obra Los hermanos Karamazov de Fedor Dostoievski.

Si la escritura nos hizo humanos, el libro impreso nos hizo libres de mente y espíritu y abrió fronteras al conocimiento y a las bellas artes con alcances mundiales. El libro nos hizo libres porque el saber se trasmitió como nunca antes, diseminando contenidos de manera sostenida e indetenible. Luego en el siglo XV y gracias a la imprenta surgen cambios radicales al leer, escribir y pensar cada individualidad y en beneficio de la humanidad. Se dan a conocer teorías sustentadas en la abstracción de la matemática y la geometría como lenguaje universal determinante en la propagación de las disciplinas científicas. Fue la ruptura definitiva con el control cristiano y el poder del dogma católico eclesiástico, porque la ciencia desde entonces quedó como asunto de interés público, abierto y colectivo.

Seguía los sonetos que mi padre recitaba susurrando y me atraían esos sonidos. Aquella tarde, él leía a media voz y le pregunté por el libro que tenía en sus manos. Es un libro de poemas ¿quieres leer uno en alta voz? Al leer versos en voz alta, aprendes más. Hizo comentarios de un poema cuyo autor es José Espronceda. En la página que él indicaba leí este poema, El ruiseñor.

Canta en la noche, canta en la mañana / ruiseñor, en el bosque tus amores / canta, que llorará cuando tú llores / el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranta y grana / la brisa de la tarde entre las flores suspirará también a los rigores / de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo / de la callada luna, tus cantares / los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo / cual bálsamo suave en mis pesares, / endulzará tu acento el labio mío.

toda su vida trabajó de 12 a 14 horas diarias para mantener el hogar y educar a sus hijas en un colegio privado. Iba mañana y tarde a comercios donde llevaba registros manuales de cuentas y balances; luego, de 6 tarde a 11 de la noche trabajaba operando el proyector de películas en el cine Variedades en dos funciones. Como algo normal, que más bien era excepcional, mi padre no veía esas películas ni lo hizo durante años. Por años seguía ciertos hábitos, medía las horas con el reloj, montaba los rollos de celuloide y leía en su libro con el haz de luz que el proyector arrojaba.

El padrino vasco conversaba con mi padre sobre las bondades del vino. Que de niño conoció en el pueblo a una señora llamada Carmen Teresa quien era la mujer más longeva en toda la región vasca y tenía 110 años y dos hijos de 90 y 88 años y por aquellos días oímos algo extraordinario, cuando ella manifestó que a diario y en todas las comidas tomaba un vaso de vino.

Ese día almorzando con mi padre, comentaba, antes del primer bocado va un trago de vino tinto, que abre el apetito a nosotros y en cualquier pueblo de España y ese primer trago hay que retenerlo en el paladar hasta sentir el golpe de las salivales que es fuerte la punzada de divinita y purísima mixtura, amén, amén… Porque el vino al impregnar el paladar te eleva al cielo deseado en un éxtasis de gusto y sabor y después otros tragos preparan el estómago vacío para hartarnos con todo lo demás.

Oiga compadre, estaba recordando unos dichos y proverbios que aprendí sobre el vino. Venga y le cuento. Trasmiten lecciones de vida y en España se escuchan por doquier y son parte del hablar popular y con solo oírlos, nos alegran y levantan el ánimo. Para mí, estos son los diez mandamientos.

  • Quien bebe vino, vive menos… Menos triste, deprimido, tenso, enfermo.
  • El vino mejora con los años y yo mejoro con el vino.
  • ¿Por qué el vino no puede ser malo? Porque fue el primer milagro de Jesucristo.
  • En invierno no hay mal abrigo con una copa de buen vino.
  • Come niño y crecerás, desde joven bebe vino y vivirás.
  • Para conocer la calidad del vino, no hay que beber el barril completo.
  • El vino es la leche de los ancianos.
  • Dios no hizo más que el agua y el hombre hizo el vino.
  • Nada puede ser más frecuente que un vaso de vino ocasional.
  • Con pan y vino se anda el camino.

Cuando mi padre leía, su rostro cambiaba y se escuchaban susurros y suspiros. Usaba la mecedora junto a la luz del ventanal y yo lo seguía sentada en el piso con mi cuaderno escolar. Entonces le pedía que leyese en voz alta algo de sus libros y él me complacía.

Ese día en voz alta, decía– el cultivo del buen humor abre alivios ante los infortunios y nos prepara para las adversidades pues ese humor alienta armonías y lima vicios como el orgullo, la soberbia, la vanidad.

La escritura ha sido el mayor, el mejor logro de la humanidad y es una extraordinaria herencia puesto que gracias a ella se trasmiten tradiciones, versos e historias y perviven los versos de poetas como Shakespeare, (Soneto XVIII) – Mientras haya un hombre u ojos que vean / Vivirán mis versos.

Aquí y ahora, resuenan versos que traen música y armonías de Venezuela:

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel / y el cuatro en el corazón / Llevo en mi sangre la espuma del mar / y tu horizonte en mis ojos.

 

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In memorian de mi hijo Carlono.

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